En el siguiente texto se describe, paso a paso, la mejor manera de amargarle el día a su médico de familia y/o pediatra de cabecera. Fácil y cómodo.
- Cuando llegue a la consulta abra la puerta (sin llamar o bien aporreando la puerta con todas sus fuerzas, que de las dos maneras jode), y pregunte si está apuntado en la lista.
- En caso de que el médico tenga la lista a mano, pregunte por qué aún no le han llamado, aunque llegue con media hora de adelanto o atraso.
- Si lo que encuentra es una mujer, pregunte dónde está el médico.
- También puede decirle a la mujer que si es ahí donde dan las citas.
- Cada vez que la puerta se abra para que un paciente entre o salga, asome la cabeza con cara de “¿aún no me toca?”. Apalánquese al marco de la puerta, y proteste periódicamente: “yo tenía a la 10,35 (hora del desayuno del médico)”, “yo tenía la cita por internet pero se quedó colgado”, “Fulanita iba detrás mía”, “Yo vengo de urgencias..”, etc… Sorprenda a su médico con excusas novedosas sobre su retraso.
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